Ricordi

Laura y Rosa Balistreri

En 1979 me encontré, por primera vez, Rosa Balistreri en el camerino del Teatro Biondo en Palermo, al final del espectáculo "La ballata del sale" de Licata Salvo. Todavía llevaba puesto el vestuario de la obra y, a pesar de estar rodeada de amigos y admiradores, continuó comiendo las aceitunas que había comprado en el mercado Vucciria, cogiéndolas de un "cucurucho de papel. Me sorprendió mucho esa actitud absolutamente opuesta a cualquier divismo Rosa era así: su sencillez, la franqueza que puso en cada cosa de la vida y de la profesión a veces daba cierta consternación. Luego, cuando quiso escucharme cantar, le dimos cita en Palermo, en la casa de un amigo suyo compositor: Lillo Catania. Cogí la guitarra y canté "Cuteddu ntussicatu", una canción de la prisión, tomada de la colección que Rosa había publicado para Fonit Cetra. Puse todo mi esfuerzo para desatar lo mejor de mi voz, el color y el poder. Al final, Rosa dijo que mi voz la había realmente sorprendido, pero que yo era demasiado joven para cantar una canción sobre la venganza, el dolor, la ira y la traición. "A tu edad, qué sabes de estas pasiones? Espera hasta que tengas por lo menos cuarenta años".Yo tenía sólo dieciséis años y no entendía lo que quería decir. La vida luego me lo enseñó ...

​Laura y Ignazio Buttitta

​No recuerdo cuando conocí por primera vez Ignazio Buttitta, sólo recuerdo que le dije a mi madre, la qual me había acompañado en el coche ya que yo era demasiado joven para tener permiso de conducir, de pedir una vez habíamos llegado al pueblo de Bagheria, donde estaba la casa del "poeta ". Con Ignazio recorrimos Sicilia, con lo que él llamó la "recitalle" y en cualquier lugar, sobre el escenario, empezaba diciendo que el vendedor de periódicos del pueblo estaba vendiendo más fotonovelas que diarios. Así que, después de haber tomado a todos por ignorantes, entre miradas más asombradas que molestas, comenzaba a hojear su libro de poemas, recitando sus obras memorables de “Ncuntrai u Signuri” a “Mamma tedesca”. A Ignacio le gusta que cantase "Baronessa di Carini" y no sólo porque mi nombre es Laura como protagonista, sino porque le parecía particularmente patético y, por así decirlo, "efectista" que esa historia atroz viniera contada por una joven y delicada quinceañera. Un día me escribió esta dedicatoria: "a Laura, ca canta ca vuci da Sicilia arrubbata nto cori di siciliani" (a Laura que canta con la voz de Sicilia, robada del corazón de los sicilianos). Gracias Ignacio.

Laura y Ciccio Busacca

Actué solo un par de veces con el narrador Ciccio Busacca, y esto se porque, durante mucho tiempo, él ya no vivía en Sicilia. Realizamos todo un espectáculo titulado “Sicilia meli e feli” (Sicilia manzana y felicidad) y "cuntava" (contaba) la historia de un agricultor al que quitan sus tierras. Cuando terminé mi actuación, me bajé del escenario montado en la plaza, y esperé entre el público verlo entrar en la escena. Un hombre pequeño de estatura, ojos penetrantes y una poderosa voz que alcanza el corazón , o mejor dicho a la razón, porqué sus historias siempre inducían a reflexionar sobre las cosas del mundo y de la vida. Ciccio era una fuerza de la naturaleza, su energía era inmensa. En ese momento, era una cosa normal que llevara consigo su grabadora y pediese a los colegas importantes de actuar delante su micrófono. De Ciccio Busacca conservo grabaciones de sonido extraordinarias.

​Laura y Michele Pantaleone

He albergado un afecto especial por Michael Pantaleone. Me llamaba "cicchitedda" el nombre de un pájaro. Cuando lo conocí, fuí descarada: me acerqué y lo cogí del brazo "entonces usted es el famoso mafiologo Michael Pantaleon? sabe, soy un cantante de folk ". Michele era un hombre encantador, culto. Mi familia y yo fuimos a menudo a visitarle a su casa de Villalba a la que todos llamaban "a Pitrusa." Una gran algarrobo daba sombra a ese hogar, en las afueras del pueblo. Un muro de higos chumbos delimitaba un exuberante jardín del cual el propietario estaba muy orgulloso. A menudo paseabamos por Via Libertà, en Palermo, y nos ibamos a tomar el aperitivo al bar Nobel. Me pidia de cogerme un poco más a su brazo cuando entrabamos en la habitación, así sus amigos, al verlo al lado de una mujer joven y bonita experimentarían mayor envidia. A menudo hablaba de sus libros, citando fechas, nombres y circunstancias. Dijo que era la única manera de mantenerse con vida. Reiteró que, cuando se empieza a no ser "incómodo", la mafia se deshace de ti. Aun habíendo sufrido a lo largo de su larga vida algún atentado, me alegro de que al final, se fue envuelto por el cariño de sus queridos nietos que él tanto amaba.

Laura y Pippo Fava

Fué Michael Pantaleone a hacerme conocer Pippo Fava. Michele me dijo que podía llamarlo a la redacción. Dirigía "I siciliani" (Los sicilianos) una revista reivindicativa, única por su valentía en la denuncia de los acuerdos de la mafia de Catania. Pippo era un hombre maravilloso, del que todavía mantengo un recuerdo extraordinario: alegre, apasionado, no muy guapo, pero la simpatía e inteligencia poco común. Vino a buscarme a la estación de autobuses y después me llevó a comer a un restaurante cerca del mar para que conociera a algunos cineastas y artistas Catania. Fue un día fantástico. Todavía recuerdo como si fuera ayer, el día en que se dio la noticia de su atentado a manos de la Mafia, cerca del Teatro Verga Stabile di Catania. Entonces yo tenía veintiún años. Incluso hoy en día me resulta imposible pasar por el lugar dónde murió..

Laura y Giacomo Giardina

La primera vez que me encontré con el poeta futurista Giacomo Giardina, creo que corrían los años setenta, fué durante una evento organizado por el Ayuntamiento de Marineo. El espectáculo era el que hacíamos con Ignazio Buttitta por Sicilia. Una mezcla de la música y la poesía popular. Giacomo Giardina llegó con su bolsa grande de cuero llena de hojas, tan llena que casi no podía cerrarla. Qué extraña figura ... era un anciano de rostro huesudo hueco, pelo blanco, un poco despeinado y un aire que me recordaba mucho a Don Quijote. Leyó sus poemas en italiano. Eran muy hermosos. Nos reunimos con él en otras ocasiones, con motivo de los recitales. Sólo lamento que, en ese momento yo era demasiado joven para apreciar el gran privilegio que la vida me ofrecía, de crecer junto a estos grandes personajes que tanto han marcado la vida cultural y la historia de nuestra Sicilia.

 

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Laura e Mariele Ventre

 

Esta foto me lleva muy lejos en el tiempo, hasta 1967, en mi debut, cuando a la edad de tan sólo 3 años de edad fui escogida por la rígida comisión de Antoniano de Bolonia, para cantar "La minicoda" (la minicola) al "Zecchino d'oro" retransmisión televisiva musical sólo superada por San Remo en Italia. La señora a mi lado es Mariele Ventre, directora incansable del "Pequeño Coro". Debo dar las gracias a mis padres que entendieron desde el principio mi inclinación a cantar y me animaron a entrar en la profesión de cantante que, aunque llena de sacrificios y sufrimientos, es una expresión de mi verdadera naturaleza como artista. Siento por ellos una profunda deuda de gratitud que nunca podré pagar..